“Es importante poner en valor los bagajes culturales de las personas que acogemos y aprender de ellas”

Sílvia Granato és especialista en Dret de l’estrangeria i nacionalitat i és la responsable del Servei Jurídic de la Fundació Bayt al-Thaqafa. Aquesta entitat sense ànim de lucre, participada per Sant Joan de Déu, treballa amb immigrants d’origen arabomusulmà des del 1974. L’objectiu és que Bayt al-Thaqafa sigui un punt de trobada entre diferents cultures.

Sílvia Granato | Responsable del Servei Jurídic de la Fundació Bayt al-Thaqafa

¿Cuál es la diferencia entre una persona refugiada y una persona inmigrante?

Tanto las personas refugiadas como las inmigrantes  son personas que han tenido que desplazarse de su país e instalarse en otro país por alguna razón. En el caso de las personas refugiadas, este desplazamiento ha sido forzado por unas circunstancias específicas, como la guerra o por motivos religiosos o étnicos. Es interesante mencionar que, desde hace aproximadamente unos 15 años, la persecución por motivos de género también se incluye dentro del campo de las personas refugiadas.

Las personas inmigrantes son las que tienen la necesidad de huir de su país para buscar unas mejores condiciones de vida. La principal característica que diferencia unas y otras es que, en el caso de las inmigrantes, se habla de migraciones voluntarias mientras que, en cuanto a los refugiados, se consideran migraciones forzosas.

¿Cuáles son las condiciones que hacen que una persona migrante reciba el derecho de asilo?

La idea del derecho de asilo se basa en que los estados que respetan los derechos humanos, que son estados democráticos y constitucionales, tienen el deber, ante el derecho internacional, de acoger a las personas que huyen de su país de origen por temor a persecución o represalias, por el riesgo a su integridad física o de sus familias, ya sea por razones políticas, étnicas, religiosas o también de orientación sexual o identidad de género.

En el caso de los países de la Unión Europea, la normativa de asilo es comunitaria. Aun así, en la práctica, la aplicación de esta norma tiene diferencias muy grandes entre unos países y otros. Es por eso que en Alemania se han acogido un número elevado de solicitantes de asilo con la misma normativa que en España, donde ni siquiera se han admitido a trámite el 90% de las solicitudes recibidas. Aunque estas cifras han cambiado un poco debido al conflicto de Siria, durante mucho tiempo, en España se admitían a trámite menos del 10% de las solicitudes recibidas.

¿Cuál era la situación de los refugiados en los estados europeos antes de la guerra de Siria?

Estadísticamente, el número de solicitudes de asilo que se aceptaban era muy bajo en relación con el total de solicitudes que se recibían. Estos refugiados procedían, sobre todo, del conflicto de Malí, de Eritrea, de Etiopía o también de América Central, personas que eran perseguidas por motivos de orientación sexual o de género. En España, se han acogido refugiados a lo largo del tiempo, pero siempre con muchas limitaciones. La voluntad de acoger de España ha sido siempre muy reducida respecto a las demandas de asilo que ha recibido.

¿Por qué el conflicto de Siria ha hecho despertar la conciencia social sobre los refugiados?

Hay conflictos que son más mediáticos y esto hace que haya una mayor comprensión hacia las personas que vienen de estos conflictos porque nos resultan más familiares. Personalmente considero que, en el marco del conflicto de Siria, la foto de Aylan, el niño que apareció muerto en la playa, ha marcado un antes y un después. El conflicto de Siria se ha mediatizado con esta fotografía y, a la vez, la avalancha de solidaridad ha sido consecuencia de esta foto. No todos los conflictos han tenido imágenes tan impactantes y que hayan marcado tanto como esta.

“Acoger es estar muy atento y poder sentir lo que te está diciendo la persona, tener ganas de escucharla, tener ganas de aprender de ella”

En la práctica, se puede decir que hay refugiados de primera, de segunda y de tercera. Hay personas que, a pesar de entrar de pleno en la definición de refugiadas, no las podemos concebir como tal ni podemos aceptar su solicitud de asilo. En este sentido, las posibilidades de obtener refugio que tienen las personas que huyen de guerras o conflictos dependen mucho de la relación entre el régimen que los debería acoger y el régimen que los persigue en sus países de origen.

¿Es necesario mantener la distinción entre persona inmigrante y persona refugiada?

Una parte de esta diferenciación se tiene que poder mantener presente porque es cierto que no es lo mismo una migración forzada que una de voluntaria, aunque las razones de la migración voluntaria sean muy duras: no es la misma situación la de alguien que tiene que huir porque su pueblo o ciudad está siendo bombardeado, que la situación de la persona que se ha desplazado por la necesidad de salir de su país por razones económicas.

En Bayt consideramos, de una forma muy clara, que se tiene que acoger a todo el mundo, venga del lugar que venga e indiferentemente de los motivos de su desplazamiento. A todos los ofrecemos las mismas ayudas, pero hay algunas necesidades específicas que son diferentes como, por ejemplo, el apoyo que les ofrecemos según si tienen que hacer los trámites para la solicitud de asilo o los trámites para la solicitud del permiso de extranjería.

¿Cuál es el objetivo y el trabajo de la Fundación Bayt al-Thaqafa?

En Bayt trabajamos ofreciendo acogida a los inmigrantes desde hace más de cuarenta años. En un primer momento, durante la década de los setenta, pudimos acompañar a las primeras migraciones magrebíes que se encontraron la frontera con Francia cerrada y que se empezaron a instalar en el Baix Llobregat y en otras zonas de la periferia de Barcelona. A menudo, se instalaban en condiciones de infrahabitaje, con un nivel de alfabetización muy bajo y sin conocimiento de nuestro idioma. Por eso, el objetivo de las Hermanas Franciscanas Misioneras de María, que son fundadoras de la Fundación, consistió en atender a estas personas y suplir las demandas que pudieran tener.

“Creemos en las posibilidades de aprendizaje que tenemos como sociedad de acogida, porque podemos aprender mucho de las personas a quienes acogemos”

En un primer momento, la entidad empezó ofreciendo acogida sociolingüística dando clases de castellano y tareas de alfabetización. A raíz de convivir y compartir espacio con estas personas, empezamos a recibir demandas diferentes por su parte como, por ejemplo, ayuda para buscar una vivienda o para encontrar trabajo. La voluntad de nuestra entidad ha sido siempre la de actuar según una lógica horizontal y bidireccional. Creemos en las posibilidades de aprendizaje que tenemos como sociedad de acogida, porque podemos aprender mucho de las personas a quienes acogemos.

¿Qué quiere decir acoger a una persona inmigrada?

Para mí, acoger es dar una respuesta diferente a cada una de las personas a quienes recibes y acompañas. No se puede acoger a todo el mundo del mismo modo. Acoger es estar muy atento y poder oir lo que te está diciendo la persona, tener ganas de escucharla, tener ganas de aprender de ella. Cada persona con quien te encuentras cambiará tu percepción sobre lo que es la acogida. Desde Bayt, entendemos que la acogida tiene que ser integral y absolutamente individualizada respecto a la persona que tienes delante. Por lo tanto, hemos ido cambiando nuestro enfoque y nuestra trabajo según las demandas que nos han ido llegando.

¿Más allá de las instituciones o entidades como Bayt, qué podemos hacer nosotros como personas individuales?

Se supone que, como sociedades democráticas, tenemos la capacidad de influir en las decisiones que toman nuestros gobernantes, pero esto no se cumple en España y mucho menos en la Unión Europea, que tiene un déficit democrático importantísimo. A pesar de esto, los ciudadanos de la Unión Europea podemos hacer muchas cosas: presión sobre nuestros gobiernos para que adopten políticas seguras de asilo, ayudar y aprender de nuestros vecinos de origen inmigrante, atajar cualquier comportamiento racista o hacer donaciones a entidades que ayudan y acogen a personas inmigrantes y refugiadas.

¿Cuál tiene que ser el papel de la Administración en la tarea de acogida?

La Administración tiene que poner los recursos para poder acoger con dignidad. Tiene que poder reconocer a las personas refugiadas y reconocer el estatus de asilo a las personas que tienen este perfil. La Administración podría perfectamente activar un protocolo para que se puedan presentar las solicitudes de asilo a embajadas y consulados en el extranjero para que las personas no tengan que llegar al territorio para presentar la solicitud. Por ejemplo, Canadá ha enviado un avión en algún país de origen para poder traer a personas refugiadas con quién había tratado y concedido su estatus de asilo. Según mi punto de vista, esto es lo que se tendría que estar haciendo ahora mismo.

¿Qué cree que tiene que hacer la Unión Europea actualmente ante la crisis de refugiados sirios?

La Unión Europea tiene que abrir las fronteras y dejar pasar a todo el mundo. Por un lado, tiene que priorizar dar acogida a personas que han huido de la guerra, contemplando la posibilidad de que puedan venir personas con otros perfiles. Por otro lado, tiene la opción de continuar haciendo lo que está haciendo ahora, externalizar su deber de acogida derivando el cierre de fronteras a países exteriores como Marruecos o Turquía. Europa tiene miedo del perfil de personas que pueden entrar en territorio europeo si se abren las fronteras. Sin embargo, si las personas están huyendo de la guerra, no se puede evitar que vengan puesto que están buscando una manera de poder vivir con dignidad.

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