Cuando la fragilidad puede ser una oportunidad social

Le acompañan más de 25 años de experiencia como enfermera, gestora de casos y docente, con la mirada integral del cuidado como filosofía de atención.

Ana Pérez Carmona | Directora de la Fundació d’Atenció a la Dependència de Sant Joan de Déu

Atender personas en situación de fragilidad física, cognitiva mental o social es más que un reto, un compromiso. La fragilidad es una circumstancia que se puede instalar en todos nosotros sin pedir permiso, que puede aparecer de forma repentina o ganar espacio poco a poco y atenderla pasa por comprender, en profundidad, los deseos de la persona que acompañamos.

El envejecimiento y los problemas crónicos de salud que afectan tanto a niños, como jóvenes o adultos son una realidad por la cual socialmente todavía no tenemos respuestas efectivas. En la Fundació d’Atenció a la Dependència de Sant Joan de Déu, la FAD, cada día recibimos llamadas de personas, generalmente mujeres, que piden apoyo para atender a personas que tienen a su cargo.

Asimismo, la situación del mercado laboral y de la vivienda genera también una gran bolsa de fragilidad social, especialmente entre las mujeres migradas. Son personas con sentimiento de fracaso, del que no saldrán, que tienen dependencia de ayudas externas y que luchan por cubrir sus necesidades básicas y las de la su familia, con la esperanza de tener un proyecto de vida.

Así, la fragilidad se convierte en una oportunidad social cuando cerramos el círculo, cuando facilitamos el acercamiento de personas con necesidad de ser cuidadas y personas con necesidad de incorporarse al mercado laboral.

Cuidar poniendo la persona en el centro.

El acompañamiento profesional, respetuoso e integral es aplicable en todos los ámbitos y genera un efecto contagio de más respeto y cuidados. Cuando formamos personas migradas como cuidadoras profesionales con un proceso formativo individualizado y que les implica, vemos como incorporan también esta mirada humanizada que tiene en cuenta las necesidades y filosofía de vida de la persona atendida y su familia.

Así, atender y dar servicio a las personas a nivel social, pide trabajar con honestidad, sumando esfuerzos con otras entidades para dar respuestas reales, posibles y adecuadas a lo que esperan las personas por ellas mismas. Es ofrecer oportunidades que no estén enfocadas desde el oportunismo, significa contemplar a la persona como el epicentro de la intervención y establecer atenciones que favorezcan su expresión y su vivencia,  sus dificultades y/o aceptaciones, sin juicios ni espejos estándares que le impidan desarrollar su proyecto vital.

Este artículo se publicó el 14 de mayo en social.cat

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