Coge una canción triste y mejórala

Pau Gimeno és percussionista, professor de música i musicoterapeuta del Parc Sanitari Sant Joan de Déu. Aplica la musicoteràpia com a part de programes de rehabilitació per persones afectades per un trastorn mental greu i col·lectius en risc d’exclusió social.

Pau Gimeno | Musicoterapeuta

«Hey Jude, don’t make it bad

Take a sad song and make it better

Remember to let her into your heart

Then you can start to make it better»

Como decían los Beatles en el mítico ‘Hey Jude’, “take a sad song and make it better” (coge una canción triste y mejórala). Esto es lo que hacemos los musicoterapeutas, poner la música al servicio de las personas, conectar música y emociones para generar experiencias terapéuticas.

Todo el mundo conecta con la música, y este es el punto de partida. La música hace que las cosas mejoren, nos aporta sensaciones placenteras, nos conecta con nuestra identidad, nos ayuda a expresar sentimientos cuando es difícil hacerlo con palabras, nos vincula con nuestros amigos y familiares… Elementos clave en procesos de rehabilitación de la salud que piden fortalecer la seguridad con uno mismo y los vínculos afectivos.

Así, la musicoterapia funciona como funciona la música. Como cuando te gustaría oír tu canción preferida cantada al oído cuando necesitas energía o cantarla con aquellos amigos cuando necesitas compañía. Los musicoterapeutas tenemos en la música una fuente de recursos. Usamos la melodía, el ritmo, la harmonía y cualquier elemento musical para conectar con las personas que atendemos y responder a las necesidades de cada momento. Por ello, es muy importante estar muy cerca, preguntar sistemáticamente qué sentimos y qué queremos conseguir en cada sesión.

Los participantes ahora comparten la música como vínculo.

A menudo, para las personas con trastorno mental grave el simple hecho de tener el compromiso de asistir periódicamente a una hora en un lugar ya representa un ejercicio interesante. Pero una vez ponemos en marcha la sesión de musicoterapia comienza un juego, un agradable rato compartido que acaba siendo un proceso de restauración de la calidad de vida de las personas con quienes trabajamos. Las dificultades para relacionarse, implicarse y la tendencia al aislamiento ceden ante las miradas de complicidad y los momentos en que la música nos hace sentir parte de un colectivo diferente. La vinculación del diagnóstico da paso a una más alentadora: los participantes ahora comparten la música como vínculo. La colaboración está presente y con ella una sensación de pertenencia. Los graves problemas y ciertas sintomatologías ceden ante la curiosidad, el juego musical, el disfrute y las risas y toda sensación intensa de los que participan de una comunidad musical.

Cada vez hay más evidencia científica que esta disciplina es efectiva y, afortunadamente, es una práctica cada vez más presente en los recursos hospitalarios y rehabilitadores. A veces algunos pacientes o familiares se sorprenden que, por ejemplo, en una Unidad de Curas Intensivas (UCI) pueda entrar un musicoterapeuta a ofrecer apoyo con un acompañamiento musical, pero cada vez hay más evidencias de que es un apoyo con beneficios más allá del puro entretenimiento y que los equipos asistenciales agradecen poderlo incorporar en sus atenciones.

Queda camino a recorrer para que esta tarea se normalice, que pueda estar presente en cualquier espacio hospitalario, que pueda integrarse a los equipos de acompañamiento asistencial… Así, la mayoría de programas dependen de subvenciones o becas que ponen el trabajo de los musicoterapeutas en una situación de fragilidad importante. Hace falta apoyo de la solidaridad social para seguir velando para hacer accesible un servicio que, más que un suplemento añadido, se relaciona con un derecho fundamental de la persona.

 

Este artículo se publicó el 26 de junio en Social.cat

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