24 horas en Serveis Socials

Lunes, 6 Julio, 2020

El tiempo pasa igual para todos y a la vez de maneras muy diferentes: hay personas que pasan las 24 horas de su día viviendo situaciones de mucha vulnerabilidad. Conocer las realidades y el día a día de otras personas pone
en marcha el motor imparable de la empatía: la sociedad llega lejos cuando se acerca a cada historia. Por ello, pasamos 24 horas con residentes, voluntarios y profesionales de SJD Serveis Socials. Visitamos Hort de la Vila, uno de los dos centros residenciales de la entidad que acoge cerca de 90 personas que viven en situación de sin hogar. aquí no solo se garantizan las necesidades básicas de la persona, sino que se focaliza en los residentes y es desde ellos mismos, desde donde se les acompaña. nos acercamos al día a día de todas estas personas que saben muy bien cómo es vivir y convivir con situaciones de vida de alta vulnerabilidad.

Con un abrazo y mucha emoción José se despide de sus compañeros. Ponen así punto y final a un fin de semana de convivencia en Sant Antoni de Vilamajor que les ha permitido disfrutar de la naturaleza y la compañía con otros participantes de los diferentes programas de vivienda. Dos días en los que personas atendidas por SJDSS, profesionales y voluntariado conviven fuera de su entorno habitual. Son las colonias del programa “Llars” de Sant Joan de déu Serveis Socials y tienen como finalidad facilitar “un momento de ‘vacaciones’ a los residentes y exresidentes del programa a través de unos días distendidos donde estas personas lo pasen lo mejor posible“, explica Jérôme Roger, educador social de SJDSS y uno de los organizadores de la salida de fin de semana.

Días de respiro

Las vacaciones tienen un efecto positivo sobre el bienestar de las personas: pasar unos días fuera de la realidad cotidiana les genera beneficios como la reducción del estrés. Encuentran la posibilidad de romper su rutina y tener otras visiones de la vida, recuperar energía y, a veces, hallar soluciones sencillas a problemas que antes parecían irresolubles. Jérôme está convencido de que marchar unos días “les permite consolidar los vínculos entre compañeros o personas que lo han pasado igual de mal. Las colonias fomentan situaciones improbables y oportunidades para conocer los otros participantes en un contexto diferente. Es una oportunidad para conocer gente nueva, reír y pasar el tiempo haciendo cosas nuevas y agradables”.

Es el caso de José, que participa en el programa “Llars”, uno de los 8 programas que ha puesto en marcha SJDSS. Él, que es una persona afable y muy comunicativa, valora que “estos días van muy bien porque ves que todo el mundo está feliz y tú también. Y son unos días en que todo se ve diferente y los vives con ilusión”.

El momento de volver a empezar

Dentro de unas horas José estará en su casa. Tiene 69 años y ahora vive en un piso del programa “Llars” con dos personas más. Hace 7 años que lo perdió todo, también su hogar. Un camino difícil que nunca habría imaginado. José trabajaba como conductor de autobús y tenía una vida estable, pero un divorcio complicado y la pérdida de su trabajo le condujo a una situación cada vez más precaria y finalmente se quedó sin un lugar donde vivir.

Con el apoyo de SJDSS ha conseguido volver a empezar y hacer un camino nuevo. La vivienda del programa “Llars” le ha proporcionado estabilidad hasta que recupere su autonomía y encuentre una solución a su situación. Antes, José estuvo viviendo en en centro residencial Hort de la Vila. De aquella época y a pesar de la situación, guarda muy buen recuerdo por la ayuda que recibió. “En SJD me respetaron y cuidaron en todo momento y me enseñaron a pedir ayuda y a ver que siempre puedes volver a empezar si te ayudan a hacerlo”.

Los instantes cotidianos

Cuando la persona ya ha alcanzado los objetivos fijados en su camino pero aún requiere de apoyo para estabilizar el proceso de mejora, se ponen en marcha otros recursos de la entidad para continuar el camino. Lo hacen, por ejemplo, con el programa “llars”, en el que participa José. “Un hogar es donde todos nos desarrollamos como personas, donde podemos relacionarnos con los amigos, familiares y es cuando, las pequeñas cosas cobran sentido: tomar un café cuando nos apetece, comprar, cocinar... Estos pequeños gestos cotidianos son posibles cuando se tiene un hogar. Tener un hogar es vivir dignamente en tu propio entorno. Es la base para rehacerse y recuperarse, encontrar la estabilidad y la seguridad que todos necesitamos”. Charo Sillero es la responsable del centro residencial Hort de la Vila. Lleva 5 años gestionando el equipamiento, coordina los trabajadores y educadores sociales, y es ella quien valora las llegadas y las salidas de todos los usuarios del centro. “Nuestro trabajo es estar al lado de las personas en situación de vulnerabilidad y de exclusión en todo momento y el tiempo que sea necesario”. Las personas que viven son mayoritariamente hombres de 45 a 70 años. “Nosotros partimos de la base que todo el mundo tiene capacidades y habilidades, y que recuperar la autonomía plena es posible”. SJD SS hace un seguimiento personalizado de todos y cada uno de los residentes, que aborda todas las áreas imprescindibles para lograrlo: desde un trabajo emocional a uno de formación profesional, donde los residentes pueden aprender o desarrollar diferentes tareas como informática, lectura o costura.

Tiempo de incertidumbre y superación: cuando la acogida lo es todo

Uno de los momentos más complicados de las personas que entran nuevas en el centro es la acogida, el primer contacto. Este momento genera mucha incertidumbre y las personas nuevas lo viven con miedo e inseguridad. Vienen de vivir experiencias muy difíciles y dolorosas. algunos llegan directamente de la calle. Es por eso que las personas que están en la recepción deben tener una sensibilidad extrema a la hora de llevar a cabo esta primera acogida. Es el caso del Marc Camprodon, el integrador social que trabaja en el centro residencial Hort de la Vila desde 2011. “Las personas llegan muy nerviosas, vulnerables, a menudo desorientadas y sobre todo cansadas. Muchas veces necesitan poder sacar todo lo que llevan dentro y lo hacen justo cuando entran. Debemos ser comprensivos y atentos, acompañar a la persona en este proceso y que nos vea como a iguales. Nosotros solo somos bisagras que hacemos que la puerta se abra con suavidad”. Una vez hecha la primera acogida, empieza un proceso de adaptación, en algunos casos complicado y en otros fácil y rápido. Es el caso de Ángela. La conocemos mientras come en el comedor del centro, un espacio importante porque es uno de los corazones de Hort de la Vila que Marc también coordina y que, asegura, “nos sirve para establecer diálogos en los que la persona cuenta cosas de su vida y experiencias o recuerdos. También podemos detectar carencias o problemas con la alimentación, la higiene... Realmente es un espacio donde se pueden establecer muy buenos vínculos”.

Tiempo para desconectar: más allá de un lugar donde vivir

Reconstruir la vida pasa también por realizar actividades que ayuden a desconectar. “Que las personas atendidas participen en actividades las hace salir de la rutina diaria, que es bastante complicada, y hace que compartan momentos con los residentes y voluntarios. Normalizas una situación”, según nos cuenta Imanol Cordero, voluntario de Hort de la Vila desde hace 1 año. Imanol dinamiza los espacios lúdicos de Hort de la Vila, por ejemplo: juegos de mesa, los cafés tertulia, el pimpón y muy especialmente la petanca. Todos sus compañeros coinciden en que Imanol es un dinamizador nato. Con él hablamos sobre qué le ha llevado a hacer voluntariado y qué extrae de todo este año haciendo esta tarea. “Creo que puedo aportar algo en la vida de los demás y a la sociedad. Tú tienes la suerte de poder disfrutar de una vida correcta: una familia, un lugar donde dormir... Es ver cómo podemos ayudar a estas personas. Cuando conoces a las personas que viven aquí, cambia totalmente la percepción que tenías sobre los personas sin hogar”.

Ratos de reflexión: las noches en Hort de la Vila

Son las 20.30 h, en el comedor se reúnen los residentes de nuevo y Ángela empieza a cenar. A esta hora el ritmo e incluso el ruido son más lentos y pausados que en el turno del mediodía. “La noche tiene un componente inevitable que nos invita a hacer balance de cómo ha ido el día y a menudo podemos comentar y compartir inquietudes” nos explica Joel Badia, integrador social de Hort de la Vila desde hace 1 año.

Joel está en la recepción durante el turno de noche. Con él hablamos de su trabajo y de cómo son las noches en un centro como este. Nos cuenta que las noches en Hort de la Vila siempre son una sorpresa. Y es que pueden ser un goteo constante de personas que se dirigen a la recepción porque necesitan hablar o no pueden conciliar el sueño; o pueden ser noches silenciosas y muy tranquilas donde él aprovecha para hacer tareas más invisibles a primera vista, como organizar almacenes o donaciones. Hay noches donde la música también es la protagonista y son pequeños grandes momentos que hacen que los usuarios puedan conectar también con sus emociones. Una de las actividades que ha impulsado Joel es el taller de músicos de Hort de la Vila, donde se creó el grupo musical the notas y donde ángela ha participado cosiendo parte del attrezzo. “Estas actividades son una forma de intervención social mucho más próxima en la que se pueden trabajar desde habilidades sociales y cognitivas hasta cohesión de grupo, de una forma mucho más distendida”.

Nos despedimos de Ángela con su sonrisa de oreja a oreja mientras sube las escaleras hacia su habitación. Son las 11 de la noche y antes de que se apaguen las luces le deseamos mucha suerte para el camino que está a punto de empezar. Pasada la medianoche Joel prepara el comedor para el desayuno del día siguiente y nos cuenta que lo que más le gusta de su trabajo es “poder compartir historias de vida con personas de muchas culturas, tradiciones y realidades diferentes. Esto hace que la visión que tenemos sobre nuestra realidad se rompa y nos permita ver que tenemos todavía muchos estigmas para romper como sociedad”. Joel habla de su trabajo con mucha satisfacción, y cuando le preguntamos cómo ha llegado hasta aquí nos cuenta que a menudo recuerda un profesor que le decía: “Busca una profesión que cuando llegue la hora de ir a dormir te permita descansar pensando que has hecho lo posible para hacer del mundo un lugar un poco mejor”.

Cuando Joel se despide, pensamos que quizás sí, que un mundo más justo y solidario es posible. Pero esto significa mucho más que tener un hogar donde vivir. Bajo un techo, el día a día de las personas, su tiempo, tiene que estar lleno de posibilidades: instantes de poder tomar un café y otros gestos cotidianos, de ratos de reflexión, de tiempo para desconectar y pasarlo bien, de días de vacaciones, e inevitablemente también de tiempo de incertidumbre. Pero siempre el tiempo también tiene que estar lleno de oportunidades para volver a empezar. Un techo es el primer paso para hacer que las personas puedan construir su vida. Y es desde aquí donde podemos empezar a cuidar y, haciéndolo, construir una sociedad mejor.

 

Este contenido forma parte de la Memoria 2019 de l'Obra Social de Sant Joan de Déu.

 

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